julio 14, 2024

Elvis Costello y el mágico arrebato de la canción afónica y desafinada

Elvis Costello y el mágico arrebato de la canción afónica y desafinada

Sombrero negro ladeado, gafas ahumadas y micrófono como de otra época, de cuando la radio dominaba la tierra y su voz entraba como un rayo deslumbrante, todo electricidad estática y mala uva de punk-rocker redicho, a través de las ondas. La sonrisa de pícaro cosida al rostro y esa garganta que un día fue ancla pero que, vaya, ahora falla, derrapa y, casi como por arte de ensalmo, remonta. Y vuelve a fallar. Y, sí, vuelve a remontar.

A punto está ‘Accidents Will Happen’ de descarrilar, se masca la tragedia en ‘Shot With His Own Gun’, pero entonces agarra la guitarra para atacar ‘Waiting For The End of The World’ y, milagro, el mundo no se acaba. Al contrario; crece y se multiplica en manos de un Elvis Costello que ha venido a cantar, sí, pero también a contar. A desnudar canciones, doblarle el brazo a viejas conocidas y a recordarnos que arte viene de artesanía. A resumir junto a su compinche Steve Nieve, hombre para todo al piano, la melódica y el sintetizador, cinco décadas de carrera sin abusar de la carta del atraco emocional. Porque una cosa es la nostalgia y otra la memoria.

Como muestra, ese traje de programaciones y ritmos cubistas que le hace nada más empezar a ‘When I Was Cruel No.2’, o el aleteo dub, robusta humareda jamaicana, de ‘Watching the Detectives’.

El británico sobrevivió como buenamente pudo en Granada, donde la tormenta dio al traste con su estrenó en la Alhambra; compartió secretos y confidencias en el Teatro Lope de Vega de Madrid mientras Björk hipnotizaba a casi todos los cronistas musicales de la ciudad; y esta noche, antes de despedirse y poner rumbo a Suecia, Dinamarca o dónde quiera que actúe mañana, tocaba hacer cima en el Palau de la Música. Y aunque la travesía es irregular, con altos y bajos y baches de los que parece imposible salir, el final es de los que encogen el corazón: la carne trémula y eléctrica de ‘I Want You’ y todo el público pie aclamando al más travieso y juguetón de los ‘crooners’ accidentales; al último gran artesano de la canción de amor con rodeo y desenfoque.

Se acuerda Elvis Costello de que hace un suspiro, treinta años de nada, tocó en el recinto modernista junto al Brodsky Quartet, así que se marca una arrebatada y descomunal incursión en ‘The Juliet Letters’. La voz justea, sí, pero la emoción se desborda. Y el oficio, pletórico, se encarga del resto. Antes de eso, el londinense ya había puesto al público en pie con una temblorosa y ácida relectura de ‘Alison’, se había fugado a Nueva Orleans a bordo de ‘Like Licorice in Your Mouth’ y había abierto de par en par el libro de las revelaciones para compartir jugosos detalles memorialísticos.


Steve Nieve y Elvis Costello


ADRIAN QUIROGA

¿El salseo? Odia la música de Pink Floyd, su padre aprendió a hablar español en la cama, escribió ‘Tart’ en Sevilla como si fuera un poema erótico, y la muerte de Burt Bacharach le dejó tan tocado que estuvo un tiempo sin poder tocar las canciones que grabaron juntos. Hoy caen dos, ‘I Still Have That Other Girl’ y ‘Toledo’, y son de lo mejor de la noche. La primera corre a cargo del Costello enamorado de los ‘crooners’ y del poder de seducción del jazz; la segunda es cosa de cantautor curioso y espabilado, el mismo que lleva más de cuatro décadas deshojando la margarita del pop y sabe exactamente cómo moldear ‘(What’s So Funny ‘Bout) Peace, Love And Understanding’ para que el público quede saciado y satisfecho.

La idea, explica sobre el escenario, es desbrozar las canciones y mostrarlas como cuando empezó a escribirlas en 1980, año en el que tuvo suficiente dinero para comprarse un piano, pero hay más. Mucho más. Ahí está, por ejemplo, el amasijo de ritmos quebrados y los guiños a Robert Wyatt de ‘Shipbuilding’, el nervio de ‘Mistook Me For A Friend’ y el sutil colchón melódico que Nieve desliza bajo las canciones y las convierte en algo nuevo, diferente. ¿Mejor? Depende. A los tres o cuatro que se van discretamente cuando aún falta media hora para acabar el concierto no se lo debe parecer. Al resto, sin embargo, les basta con volver a escuchar ‘She’ para hincar la rodilla una vez más ante un Costello de fuelle inagotable.